Buena Nota es un portal creado por un grupo de jóvenes colombianos con el propósito de hacer visibles iniciativas positivas que se gestan en el país.  Desde este mes tengo el gusto de colaborar con este portal en la sección de Opinión.

Quiero compartir con todos ustedes el aporte de este mes, llamado: Todos como protagonistas: individuos y organizaciones.

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Todos como protagonistas: individuos y  organizaciones

Las noticias que encontramos sobre la situación del mundo son en su inmensa mayoría muy desalentadoras. Creo que a veces el desazón es tan profundo en muchos de nosotros que  pensamos que no hay mucho que pueda hacerse, que las fuerzas que rodean el mundo y alimentan el “sistema dominante y hegemónico” son invencibles, y su poderío es inexorable. A veces también podemos pensar que no hay líderes, que no hay personas “visibles” que puedan proporcionarnos una esperanza de cambio.

Esta es una forma de apreciar la realidad. Pero, ¿a dónde nos lleva?. A dónde nos conduce esta amarga y lúgubre visión del mundo?. ¿Qué tipo de “futuro” esperamos si realmente creemos que no hay ninguna alternativa?. Soy de las que piensan que el mejoramiento del mundo es posible y puede ser logrado a través de buenas acciones y de una conducta loable. Por muy irrealizable que esta posición pueda parecerle a algunos creo que es plausible pensar que puede abonarse el terreno para un cambio positivo si consideramos seriamente  la noción de protagonismo colectivo  y la de esfera de influencia.

El protagonismo colectivo nos propone que cada persona, y en un sentido amplio, cada institución de la sociedad, tiene un papel que jugar, independiente de su preponderancia, o  de  consideraciones de clase y género.  La esfera de influencia nos  permite reflexionar sobre la escala de nuestras acciones y sobre como éstas pueden afectar a otros.

Si estudiamos estas nociones quizá podríamos entender que cada uno tiene algo que abonar al terreno que nos permitirá vivir en un mundo mejor. ¿Y cuáles podrían ser principios rectores para nuestras acciones?. Todos tenemos un conocimiento intuitivo sobre ellos: unidad en diversidad, igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la eliminación de los prejuicios, la educación universal, entre otros.

¿Y si cada uno hace buenas acciones todo mejora automáticamente?.  No, es solo el primer paso de un proyecto mucho mayor. Es necesario que además de las acciones individuales que realizamos en el transcurrir cotidiano aprendamos a trabajar armónicamente con otros, inspirados en los mismos principios rectores. En este punto ingresamos a otro ámbito, el referido a las organizaciones, que también tienen un papel que jugar, y una esfera de influencia  seguramente más amplia que la de los individuos particulares.  Esta constatación nos puede invitar a exigir de forma más activa que las organizaciones (públicas, privadas y del tercer sector), sin importar su tamaño, sean responsables y coherentes con la influencia y el impacto que tienen en la sociedad.

Como individuos, como ciudadanos y como participantes de organizaciones deberíamos preguntarnos, pero sobre todo respondernos concienzudamente,  ¿qué podemos hacer de acuerdo a nuestra escala particular para aportar en la construcción de un mundo mejor?,  y ¿qué de eso estamos haciendo en colaboración con otros?.

Conectando la academia con los practitioners en la intersección entre empresa y sociedad.

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