Hacia finales del año pasado empecé a transitar el interesante camino del emprendimiento. Con pausas y sin prisas estamos construyendo colectivamente dos proyectos (con pinta de emprendimientos sociales)  que buscan aportar, uno  a la difusión de información de calidad sobre la dinámica de las empresas sociales de Antioquia, y otro  a la difusión/reflexión  sobre los temas prácticos vinculados a la  sostenibilidad. Ambos están, como se dice en la jerga del emprendimiento, en incubación. Han sido meses de aprendizajes, de descubrimientos, y de ir identificando y juntando los ladrillos, de lo que esperamos sea una plataforma que convoque a muchos.

En este post Héctor Jorquera, colega emprendedor social chileno, llamaba la atención sobre algo que me parece muy cierto, la falta de reflexión sobre el hacer. Decía en el post: ” quienes [ emprenden]  conocen bien el proceso de lo que han realizado, pueden detallarlo, dar cifras, actividades,  pero no necesariamente tienen una interpretación, acerca de cuáles son las prácticas o habilidades que les permitieron ser los realizadores que son”. Creo que es un poco difícil combinar procesos reflexivos de largo plazo en medio de las urgencias del hacer. Cuando se tienen reuniones y reuniones, presupuestos y modelos de negocio por crear, la atención se concentra allí. Me parece que solo tomando un poco de distancia es posible identificar y pensar en esas habilidades de las que habla Héctor.

Últimamente he estado pensando en cuáles son esos elementos fundamentales que hacen que estos procesos de construcción colaborativa funcionen. Más allá de las “condiciones propicias del mercado”,  una reflexión inicial del camino transitado en estos meses me hace pensar que la empatía y el reconocimiento personal de aquellos con quienes se trabaja /a.k.a “los socios” son un asunto crucial.  Puedo iniciar resumiendo mi experiencia en estas dos iniciativas así: las ideas y las voluntades nos unieron, la amistad se construyó después. Hubo un acercamiento basado en afinidades y en votos de confianza; en compartir  y propiciar espacios comunes.

No creo que un emprendimiento social pueda ser impulsado por personas que no sean afines, que no reconozcan las similitudes en sus visiones del mundo. He aprendido en estos meses  que es fundamental -y sumamente enriquecedor-  compartir propósitos, que  aunque incluyen el famoso “aprovechamiento de una oportunidad de mercado” lo superan. Sobre todo porque  tiene que ver con conectar los propósitos que cada uno de nosotros tiene como profesionales, como ciudadanos, como personas.

Estamos en incubación de ambos emprendimientos. Creo que algo importante que hacemos es: escuchar! escuchar! escuchar!. Solo escuchando (genuinamente) lo que todos tenemos para decir hemos construido confianzas, amistades, y, claro,  los proyectos!.  Todos los “socios” somos distintos, unos mas radicales que otros, pero todos reconocemos que creamos colectivamente, y que cada uno de nosotros tiene algo que aportar. Todos reconocemos que nos relacionamos entre personas (con todo lo que ese reconocimiento  implica) Esto, sumado a los propósitos que se conectan, es uno de los pilares de nuestros emprendimientos.

-Post dedicado a mis amigos colectiveros: @rzapatal @AnaCorena y@gaby_guerrero 😉 –

P.S. Pronto más información de los proyectos que están en la incubadora.

Conectando la academia con los practitioners en la intersección entre empresa y sociedad.

1 thought on “De Emprendimientos y Empatías

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Website Protected by Spam Master