5 frases para pensar en la empresa

Categories Ciencias Sociales y Negocios

Estoy convencida que la empresa puede convertirse en un mecanismo para el bienestar social. Y sé que para que lo logre, debe cuestionarse en sus fundamentos, y transformarse radicalmente. Para que sea un poderoso mecanismo al servicio de la mayoría, tiene que repensarse, rehacerse.

Algunas frases que me inspiran y me alertan en mi convencimiento:

“It is clear that without a revolution in thinking and practice on the part of the development community, the business community, and poor people themselves, we will never be able to end poverty”. Paul Polak

“Permitir que los mecanismos del mercado dirijan solos el destino de los seres humanos y el de su medio natural, así como también el monto y la utilización del poder adquisitivo, tendría como resultado la destrucción de la sociedad”. Karl Polanyi.

“Si se permite que la lógica del mercado se desparrame de la economía a todos los campos de la vida social y se convierta en el único criterio para establecer interacciones sociales y políticas, la sociedad se tornará ingobernable y éticamente repugnante” Boaventura de Sousa Santos

“Queremos una sociedad con mercado pero no de mercado. Esto implica que el paradigma de la empresa eficiente y del mercado autoregulado no puede orientar nuestras prácticas socioeconómicas. Ya hemos experimentado que el funcionamiento de acuerdo al principio de mercado, particularmente con fuerzas globales operando, genera un desarrollo desigual, excluye, vulnerabiliza la vida humana, mercantiliza la política, fragmenta las comunidades locales y las sociedades y produce desastres ecológicos a escala planetaria. Nuestro objetivo no puede ser meramente integrar a ese mundo a los ahora excluidos”. Luis Coraggio.

“En el pasado la producción se consideró un beneficio en sí misma. Pero la  producción también acarrea costes que sólo recientemente se han hecho  visibles. La producción necesariamente merma nuestras reservas finitas de materias primas y energía, mientras que satura la capacidad igualmente finita de los ecosistemas con los desperdicios que resultan de sus procesos.  El crecimiento ha sido la medida de la salud nacional y social empleada tradicionalmente por los economistas. Pero el crecimiento industrial  continuado en áreas que ya están altamente industrializadas es un valor sólo  a corto plazo: la producción presente sigue creciendo en perjuicio de la  producción futura, y en perjuicio de un medio ambiente frágil y cada vez  más amenazado. La realidad de que nuestro sistema es finito y de que  ningún gasto de energía es gratis nos pone frente a una decisión moral en  cada momento del proceso económico.”  Nicholas Georgescu-Roegen, Kenneth Boulding y  Herman Daly (1972).

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